viernes, 27 de septiembre de 2013

Apego previo



Un tiempo antes, gracias a unas niñas y jovencitas que estaba entrevistando para elaborar una revista de una casa de acogida de trabajadoras domésticas provenientes de zonas rurales alto-andinas, pude darme cuenta y liberarme de un apego antiquísimo que me resultaba imposible soltar, tanto así que ansiaba una amnesia que borrara los recuerdos que me atormentaban.

Ellas me contaban situaciones difíciles y dolorosas que habían vivido. Maltratos familiares, abuso, ser regaladas a una “madrina” de la ciudad que las esclavizaba en los trabajos de la casa a cambio de un pellejo para dormir y los restos de la comida diaria.

Unas señalaban que la pobreza de sus familias estaba en los orígenes de sus dramas personales.
El reconocimiento de este factor externo como razón o explicación de lo que habían vivido, favorecía –a mi entender- la recuperación que ellas mostraban respecto de las experiencias pasadas, las cuales contaban con cierta y saludable distancia emocional.

Sin embargo, las historias que transmitían mayor dolor y dificultades para reponerse emocionalmente, eran aquellas en las que ellas sentían que su madre, su padre, su familia no las había querido. Mil recuerdos venían para confirmar sus percepciones y afirmaciones.

Eso había acontecido mucho tiempo atrás, ya no estaban a merced de maltratos ni desprecios. Vivían en una casa de acogida donde el afecto está presente en el diario vivir. Afecto entre pares y afecto entre ellas y las mujeres a cargo del hogar.

Después de escucharlas, en vano intentaba invitarlas a dirigir su atención al presente diferente y mejor, a lo mucho que tenían en el siempre nuevo y fresco ahora.

Algunas se soltaban de sus ataduras por momentos, breves o extensos. Otras mostraban una gran dificultad para hacerlo. Yo atisbaba que algunas partes de ellas, de sus mentes, se habían aferrado a los eventos e historias pasadas y no había lugar para más.

Recuerdo haberme sentido desgarrada y debilitada al máximo con esas historias.

Percibir en ellas esa fijación al dolor, rumiar esas resistencias al cambio y a una vida mejor, me permitió darme cuenta, despertar y soltar.

Ellas, me regalaron la oportunidad de soltar y soltarme de mi añejo dolor.


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