Un tiempo antes, gracias a
unas niñas y jovencitas que estaba entrevistando para elaborar una revista de
una casa de acogida de trabajadoras domésticas provenientes de zonas rurales
alto-andinas, pude darme cuenta y liberarme de un apego antiquísimo que me
resultaba imposible soltar, tanto así que ansiaba una amnesia que borrara los
recuerdos que me atormentaban.
Ellas me contaban situaciones
difíciles y dolorosas que habían vivido. Maltratos familiares, abuso, ser
regaladas a una “madrina” de la ciudad que las esclavizaba en los trabajos de
la casa a cambio de un pellejo para dormir y los restos de la comida diaria.
Unas señalaban que la pobreza
de sus familias estaba en los orígenes de sus dramas personales.
El reconocimiento de este
factor externo como razón o explicación de lo que habían vivido, favorecía –a mi
entender- la recuperación que ellas mostraban respecto de las experiencias
pasadas, las cuales contaban con cierta y saludable distancia emocional.
Sin embargo, las historias que
transmitían mayor dolor y dificultades para reponerse emocionalmente, eran aquellas
en las que ellas sentían que su madre, su padre, su familia no las había
querido. Mil recuerdos venían para confirmar sus percepciones y afirmaciones.
Eso había acontecido mucho
tiempo atrás, ya no estaban a merced de maltratos ni desprecios. Vivían en una
casa de acogida donde el afecto está presente en el diario vivir. Afecto entre
pares y afecto entre ellas y las mujeres a cargo del hogar.
Después de escucharlas, en
vano intentaba invitarlas a dirigir su atención al presente diferente y mejor,
a lo mucho que tenían en el siempre nuevo y fresco ahora.
Algunas se soltaban de sus
ataduras por momentos, breves o extensos. Otras mostraban una gran dificultad
para hacerlo. Yo atisbaba que algunas partes de ellas, de sus mentes, se habían
aferrado a los eventos e historias pasadas y no había lugar para más.
Recuerdo haberme sentido
desgarrada y debilitada al máximo con esas historias.
Percibir en ellas esa fijación
al dolor, rumiar esas resistencias al cambio y a una vida mejor, me permitió darme
cuenta, despertar y soltar.
Ellas, me regalaron la
oportunidad de soltar y soltarme de mi añejo dolor.
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