Unas tres amigas, en distintos
momentos, me contaron cuánto habían sufrido y aún seguían sufriendo cada vez
que recordaban todo lo que sus familias y ellas habían perdido como
consecuencia de las expropiaciones hechas por la reforma agraria.
Lo que
habían tenido sonaba abundante. Y lo que tenían ahora, aunque las ubicaba en
una materialidad de clase media acomodada, con renombre y las
oportunidades venidas de los apellidos y relaciones previas, siempre les
parecía poco.
Me
resultaba claro que el sufrimiento era generado por la comparación con un
referente de mayor bonanza económica. Y el sufrimiento era y es intenso. Vaya
que sí.
Eso es
apego, me decía a mí misma. Sufrimiento por el apego a algo que te gusta.
Fue
gracias a ellas, a lo que me contaron y compartieron, que pude darme cuenta
cómo una experiencia grata se había convertido, yo la había convertido, en
fuente de sufrimiento.
Había
regresado a Perú, luego de dos años de vida comunitaria en San Francisco Zen
Center, una comunidad de budismo zen que me deparó muchas alegrías,
descubrimientos y una práctica hermosa y simple para despertar o practicar
despertar de la ilusión.
Me encontraba
en parajes naturales hermosos en el Callejón de Huaylas o viviendo en el Valle
Sagrado de Cusco, cuando de pronto ante algo que me decepcionaba o que no
correspondía con mis expectativas, me sentía caer en pozos hondos de
sufrimiento.
Comparando,
queriendo no estar más allí sino allá, allá, allá.
Allá
en la fantasía, en un pasado que recordaba solo en lo agradable, perdiéndome el
ahora, el presente, la vida misma transcurriendo aquí mientras yo me dedicaba a
sufrir.
Fue
gracias a lo que me contaron mis amigas que me dí cuenta, que ellas con su
hacienda y yo con mi experiencia, elegíamos sufrir.
Alguna
parte de nuestra mente tiene estas tendencias que atrapan y eso sucede hasta
que te das cuenta y empiezas a observar cómo opera, hasta que practicas
sostenerte en medio del sufrimiento y eliges poner tu atención en la vida
expresándose momento a momento en tu respiración y en tu postura, en las
avecillas silbando, en el cielo y la naturaleza bella, generosa y vital que
encuentras hasta en una maceta.
Uno elije todo el tiempo, consciente o inconscientemente qué estado alimenta.
ResponderEliminarHermoso tu compartir.